Salud mental ¿deteriorada o vacía de espíritu?
![]() |
| imagen por: Aesthesis Psicólogos Madrid. |
La salud mental es un tema de alta preocupación para el mundo entero. Si bien la OMS afirma que estos problemas son menores en los países industrializados, lo cierto es que es occidente y los países occidentalizados los que más sufren los flagelos relacionados con este tópico. La América hispana es una región muy golpeada por estos temas y Colombia tiene hoy altos índices de trastornos, especialmente la depresión que abarca casi un 90% de estos.
Ahora bien, la depresión
va ligada al estrés como factor inicial y pilar fundamental de esta. El estrés
aparece por temas como los ambientes laborales pero también aparece en lugares
donde el ser humano debería encontrar mayor refugio: el hogar.
En Colombia, según datos
arrojados en el mes de septiembre, los índices de intentos de suicidio y
consumación suicida se han disparado y esta tendencia viene en alza durante y después
de la pandemia ocasionada por el covid-19. «los datos son alarmantes. Según un
informe del Instituto de Medicina Legal correspondiente al primer trimestre de
2024, se registraron 712 casos de suicidio, de los cuales 205 fueron cometidos
por jóvenes entre los 18 y 28 años, y 186 por personas de entre 29 y 44 años»
registró la agencia de noticias infobae en su nota del 10 de septiembre
del presente año.
Y la preocupación es mayor
cuando esas cifras se analizan desde el componente etario y de género «Según un
informe del Instituto de Medicina Legal correspondiente al primer trimestre de
2024, se registraron 712 casos de suicidio, de los cuales 205 fueron cometidos
por jóvenes entre los 18 y 28 años, y 186 por personas de entre 29 y 44 años […]
Colombia reportó 2.835 muertes por suicidio. De estas, 2.253 (79%) fueron
hombres y 582 (21%) mujeres. Dentro de estas cifras se incluyen a 936 jóvenes,
312 adolescentes y 3 menores de edad. Según datos del Ministerio de Salud
revelados en 2024, el 44,7% de los niños y niñas en el país muestran indicios
de problemas de salud mental, afectando a jóvenes entre los 17 y 24 años,
adolescentes de 12 a 16 años y niños de 6 a 11 años […] el ser hombre implica
mayor riesgo para llegar a cometer suicidio consumado, mientras que el intento
de suicidio es más frecuente en mujeres»
Aquí caben preguntas
fundamentales como ¿qué pasa con la masculinidad? En un mundo donde se obliga
al hombre a negarse a sí mismo a “deconstruirse” y la mujer es embelesada,
engañada, con los espejismos de la superioridad y la autosatisfacción, además
de hacerle rechazar la función biológica por excelencia: dar vida y convertirse
a sí misma, a su cuerpo, en un cementerio ambulante, hay que analizar las consecuencias.
El mundo occidental,
descristianizado, laico, liberal, ha inventado mil excusas para abordar este
problema que viene en alza en occidente debido, precisamente, a los factores ya
descritos. La OMS aborda el problema responsabilizando por ello al factor
económico, siguiendo la lógica liberal de que la acumulación de capital trae
felicidad y es por ello que dice que el flagelo es mucho mayor en países en vías
de desarrollo.
Pero la OMS es una entidad
que, como cualquier otra en occidente, sirve a la agenda laicista -anticristiana,
en otras palabras- y es por ello que desconoce que una sociedad sin fundamentos
religiosos es una sociedad que carece de brújula moral y, a su vez,
de sentido de trascendencia. Al perder su sentido de trascendencia,
pierde cualquier sentido de vida.
Otro factor más escabroso
es la eliminación de cualquier símbolo de cohesión en pro de la
individualización: factores como patria, familia, iglesia, han sido desdeñados,
tergiversados y se ha ofrecido al ser humano una vida individual, egoísta,
donde la felicidad no se ofrece más que en esta vida y esa felicidad depende
del nivel de consumo: entre más consumes, más feliz eres, según los liberales.
Esa sociedad dopada de
consumo, encerrada en burbujas individuales, es una compuesta de hombres y
mujeres llevados a la adicción pues, de acuerdo con la ley natural, ese
individualismo no es sostenible y lleva a la constante depresión, al sinsentido
y al fin de la vida.
El ser humano fue hecho
para construir en sociedad, en común, en constante dialogo con sus semejantes y
con su Dios creador. Negarlo, como lo hace el horrendo occidente anticristiano,
es matar en vida a los seres humanos y llevarlos, por decisión propia, a la
autoeliminación.
Dejemos las excusas
¿queremos bajar los niveles de suicidios y de trastornos mentales? Reenfoquemos
a nuestro país a su ethos, a su esencia primordial: los sagrados e inmaculados
corazones de Jesús y María… pero no como la iglesia del papa Francisco lo
quiere hacer sino como la tradición nos lo enseña: la iglesia católica es la
única que lleva a Dios, la única que enseña que el sufrimiento de este mundo es
la antesala de las delicias del cielo y que, aquí en la tierra somos milicia,
somos soldados que luchan por, para y con Cristo.

Comentarios
Publicar un comentario