Gregorio Eljach, procurador: el ejemplo del relativismo moral y la demagogia del congreso de la república.
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| Gregorio Eljach y Gustavo Petro. tomada de EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda. |
La democracia tiende a degenerar
en demagogia, nos lo había advertido ya hace 2300 años el filósofo Aristóteles
en cuya lógica descansa gran parte de la teología decente de la Santa Madre
Iglesia Católica. Pero no solo es demagogia lo que tenemos hoy en día. Más que
sofismas en debates, lo que tenemos es una degeneración total de una sociedad
que dispuso la democracia como fundamento del poder.
Pero esta situación no obedece
por sí sola a un tema de organización política sino a la moral como fundamento
de la política y, a su vez, a los fundamentos que debería tener la moral. Lo moral
es siempre vertebral en la existencia de determinada comunidad y lo metafísico
es, a su vez, fundamento único de la moral. Una vez se pierde la nutrición
metafísica, se pierde el sentido de la moral y la sociedad pierde su norte… y
para la muestra de un botón: occidente en su más viva decadencia.
La semana anterior, en
Colombia, el congreso casi al unísono eligió a Gregorio Eljach como procurador
general de la República. Eljach, viejo zorro de la política colombiana, a
aprendido a acomodarse en el poder, en el cual se ha visto envuelto desde 1994
en que comenzó a trabajar en el congreso. Desde hace 12 años se desempeñaba como
secretario general del congreso y hace poco fue ternado por Gustavo Petro para
ser procurador.
Por él votaron miembros de
todas las bancadas, incluso las de “oposición” dando a entender que este es un
ser que se acomoda al mejor postor. Será, sin duda, el procurador de todos,
menos de la justicia; servirá a los intereses de todos, menos de la sociedad
civil y convertirá a la Procuraduría en una “de bolsillo”.
Petro lo ternó para
adormecer al congreso y el congreso lo votó porque es adicto a la comodidad. Hace
“control” como forma de presión al ejecutivo para que este le obsequie dadivas.
El congreso es una guardería de niños malcriados y caprichosos que solo piensan
en satisfacer sus vulgares necesidades temporales… pero así funciona la
democracia.
Petro y los enemigos del
derecho natural, de las libertades… de Dios, lo saben y por eso sus cálculos les
dicen que controlar a personas sin convicciones es fácil y es fácil porque
carecen de moral y carecen de moral porque carecen de Dios. Solo viven para el
placer, viven para ser siempre ellos los que ganan.
¿Y el pueblo? Es una masa
individualizada y adormecida, tan adicta a la morfina, al dulce, a las luces, al
ruido, como sus “representantes”. La moral no puede ser sin un sustento espiritual;
sin Dios, la moral es relativista y Dios se vuelve un amuleto de buena suerte,
algo que el hombre moldea para su placer.
La formula para encausar
de nuevo a la sociedad en la búsqueda del bien común es la unidad de fe, la
unidad religiosa y eso solo lo da la unidad católica.
Parafraseando a Descartes creo,
luego existo.
Adrián Esteban Hincapié Arango. Medellín, Colombia.

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